Taylor tuvo que abandonar sus estudios univeristarios de Derecho por un problema en la vista. Por esta razón, comenzó a trabajar como obrero en una de las empresas industriales de siderúrgica de Filadelfia.
Su formación y su capacidad personal llevaron a este hombre a dirigir un taller de maquinaria, donde observó minuciosamente el trabajo de los obreros que se encargaban de cortar metales. Y fue de esa observación práctica de donde Frederick Taylor extrajo la idea de analizar el trabajo, descomponiéndolo en tareas simples, cronometrarlas estrictamente y exigir a los trabajadores la realización de las tareas necesarias en el tiempo justo. Sin embargo, para que este sistema funcionase correctamente era impresindible que los trabajadores estuviran supervisados; es así como surgió un grupo especial de empleados, que se encargaba de que los trabajadores cumplieran con su labor.
Este análisis del trabajo permitía organizar las tareas de tal manera que se redujeran al mínimo los tiempos muertos por desplazamientos del trabajador o por cambios de actividad o de herramientas; y establecer un salario a destajo (por pieza producida) en función del tiempo de producción estimado, salario que debía actuar como incentivo para la intensificación del ritmo de trabajo.La tradición quedaba así sustituida por la planificación en los talleres, pasando el control del trabajo de manos de los obreros a los directivos de la empresa y poniendo fin al forcejeo entre trabajadores y empresarios en cuanto a los estándares de productividad.
A pesar de toda esta lucha proletarial, la organización del trabajo taylorista transformó a la industria en los siguientes sentidos:
1. Aumento de la destreza del obrero a través de la especialización y el conocimento técnico.
2.Mayor control del tiempo en la planta, lo que significaba mayor acumulación de capital.
3. Idea inicial del individualismo técnico y la mecanización del rol.
4. Estudio científico de movimientos y tiempo productivo.
Esta teoría se expandió por los Estados Unidos desde finales del siglo XIX, auspiciada por los empresarios industriales, que veían en ella la posibilidad de acrecentar su control sobre el proceso de trabajo, al tiempo que elevaban la productividad y podían emplear a trabajadores no cualificados (inmigrantes no sindicados) en tareas manuales cada vez más simplificadas, mecánicas y repetitivas.